miércoles, 15 de abril de 2020
viernes, 3 de abril de 2020
¿TRUJILLO ES LINDO?
Para
empezar, el cercado de Trujillo no es lindo desde que enrejaron sus iglesias y
privaron a los vecinos de sus bancas y de sus árboles; desde que la desidia de
algunos directivos del Instituto Regional de Cultura dejó que el tiempo
envejeciera más las casonas coloniales o republicanas y solo atinaran a apuntalar
sus paredes con endebles vigas ante la arremetida irremediable de la fatiga
material, al punto de tener una especie de barricada en calles como San Martín,
Orbegoso o Bolívar; o que dejaran que las derruyeran y las convirtieran en
centros comerciales o cocheras, aunque algunas fueron salvadas y conservadas
por instituciones privadas o públicas, como lo hizo el Banco Central de Reserva
del Perú con la Casa Urquiaga, EsSalud con la Casa Bracamonte o el Banco
Continental con la Casa de la Emancipación, por citar a algunas. No es bonito
Trujillo cuando aún tenemos el paseo peatonal de Pizarro (cuadra 5) y el Jirón
Gamarra (cuadras 5, 6 y 7) lleno de mendigos y de vendedores ambulantes, aparte
del pandemonio peatonal que hay en la calle Atahualpa en el límite con la
avenida España, ocasionado por vendedores ambulantes que fueron desalojados de
las inmediaciones del centro comercial El Virrey.
No
estoy de acuerdo con los videos de Trujillo en los que solo se muestran las
casonas (las bien conservadas, claro) sus calles, algún atractivo turístico que
siempre es la ciudadela Chan Chan, el balneario de Huanchaco con sus caballitos
de totora y su muelle y las huacas del Sol y de la Luna, y dicen que ese es
Trujillo. Desde luego, las imágenes valen para fines turísticos. Mientras los
visitantes solo recorran el centro histórico no habría problema. Porque Trujillo
es también la avenida Los Incas y su embotellamiento infernal a la altura del
mercado mayorista. Trujillo son esas tradicionales y conocidas calles de Chicago,
El Alambre, Aranjuez y El Molino y sus personajes de temible talante; son esos jóvenes
noctámbulos y sus enardecidas reuniones nada sobrias en parques de ciertas
urbanizaciones; son esas calles cuyo pavimento levantado por la municipalidad
desde hace muchos meses con la promesa de su ‘pronta’ renovación, han impuesto
un paisaje tipo desierto; son los exteriores del mercado La Rinconada y calles
adyacentes cuyas veredas han sido tomadas por asalto por cientos de
comerciantes de compra y venta de ropa usada.
Trujillo
es también la ciudad de la inseguridad. Los robos, asaltos
y asesinatos casi a diario lo están revelando como un lugar nada tranquilo para
habitar. Ahora la gente lleva lo mínimo en la billetera y procura no hacer gala
de ropa o zapatillas de marca para evitar que se los roben en plena calle y que
regresen a casa descalzos y semidesnudos, sin un céntimo para el taxi. Cuando
las familias van a almorzar o a cenar a un restaurante deben ir premunidos de
un plan de contingencia en caso sean los próximos asaltados: «No mirar al
delincuente, entregar celular, billetera, relojes; mantener la calma, no
hacerse los héroes…». No es broma.
Sin
embargo, no todo es feo en Trujillo
Para
ejemplo están los tranquilos y bien cuidados parques de las urbanizaciones como
Primavera, Las Quintanas y San Andrés, también California, El Recreo, El Golf, en
donde las familias conversan de diario
bajo frondosos pinos y los niños y sus mascotas retozan sobre el gramado.
Sé
de algunos moradores que se reúnen y promueven fiestas en sus calles; organizan
encuentros interfamilias, acuerdan y adornan sus fachadas en Navidad y hasta
celebran el Año Nuevo con tal desbordamiento de camaradería, que retrotraen al
Trujillo de los sesentas o setentas, décadas en las que cundía la unión y la
amistad, cuando era usual que cerrasen las bocacalles y armasen kermés y
tómbolas con bailes que no pasaban de la medianoche.
Tampoco debemos olvidar que desde
hace mucho tiempo las familias de Huanchaco celebran sus fiestas de carnaval y
primavera que concitan la unión y el compañerismo; igual en Las Delicias, donde
es tradicional su Feria de San José, con
desfiles, tascas, toro match,
pamplonada y corrida de toros.
Es tiempo que echemos abajo el egoísmo
y la envidia, eso que nos ha alejado como vecinos y rescatemos ese Trujillo de
antaño. Ya la municipalidad provincial está en ese camino fomentando
actualmente, en barrios y urbanizaciones, la práctica de juegos como salta
soga, ula–ula, yaxes, rayuela, trompo y kiwi, mediante su programa «Los juegos del ayer». Trujillo podría ser la
apacible ciudad de antes, orgullosa de su legado histórico y de sus
expresiones culturales y familiares. Acaso todo sea posible, si las
autoridades empezaran por liberarnos de la agobiante y persistente criminalidad
que ha establecido su imperio de terror y muerte.
La esperanza es lo último que se
pierde, dicen.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
HOTEL SHIRATON
El taller que el señor Nassi, el herrero de la cuadra, había dejado, fue adquirido por don Luis Noriega, vecino de la calle Napo. Don Lu...
-
SÁBADOS DE TÉ DANZANT Corría el año 1973. Los sábados -creo que también los domingos- doña Irma, la señora que colocaba ampollas en la c...
-
SE APLICAN AMPOLLAS En los años 70 era común que en algunas calles se encontrara una casa con el rótulo de “Se aplican ampollas”. Hasta ...
-
LA IGLESIA DE LA ESQUINA Y NUESTROS PRIMEROS TEMORES RELIGIOSOS Yo tenía siete años y estaba en transición. Era el primer grado con el...
